CRISTINA LUCAS EN ALCALÁ 31

Cristina Lucas presenta en Alcalá 31 su exposición Manchas en el silencio, un trabajo íntimamente ligado al paradigma de violencia mundial actual y que reclama una merecida atención a nuestra memoria histórica, política y social recientes.

Quién: Cristina Lucas (Jaén, 1973)

Dónde:  Sala Alcalá 31 (metro Sevilla)

Cuándo: de martes a sábados: 11.00 a 20.30 h / domingos y festivos: 11.00 a 14.00 h / lunes: cerrado.

 

El eje central de la investigación de Lucas son los bombardeos a población civil que desde la aparición de los aviones arrastramos como una tragedia incesante y silenciosa que contradijo la emoción primera esperada del invento de la aviación.

Nos encontramos ante una exposición que busca no sólo dar visibilidad, sino materializar cuestiones que bien por su globalidad, bien por el paso del tiempo o por su naturaleza abstracta no parecemos capaces de atender.

El proyecto audiovisual El rayo que no cesa, que desde  2015 ha desarrollado la artista con ayuda de multitud de entidades públicas y privadas, representa la investigación más elaborada hasta ahora de este tema a nivel mundial, y que representa los bombardeos aéreos que han provocado víctimas civiles. La coherencia del título parece dudosa por la tan clara referencia al poemario homónimo de Miguel Hernández que sin embargo no tiene una aparente relación con la obra de Lucas.

La instalación se compone de tres paredes con proyecciones: en la de la izquierda vemos los datos de la localización, el origen de las bombas y las víctimas. En la central aparece el mapa mundi y los puntos negros que representan los ataques. A la derecha imágenes periodísticas y de google de las consecuencias de los desastres. Las fechas que vemos en las tres pantallas se suceden desde 1912 hasta 2017. Por lo que la larga duración del vídeo ( unas 4:30 horas), la densidad de la información y la velocidad a la que pasan las diapositivas nos introducen sin querer apartar la vista en una sensación de bucle y contínua destrucción pero que precisamente es tan sobrecogedora y doliente por no ser lo que se representa algo repitiéndose en forma de loop aunque nos lo parezca.

Cada día queda descubierto por una tragedia, cada ataque destapa un horror diferente y en realidad el mismo. Los golpes se amontonan en el espacio y el tiempo hasta que, hundiéndose el espectador en un estado anímico alejado de su visión cotidiana de mundo, se acerca a los días, los meses, los años y las décadas de las que perdemos la consciencia por la relevancia de los acontecimientos tan contradictorios que nos enseñan.

 

Cristina Lucas. fuente: EL CULTURAL.

 

La contradicción juega un papel importante en esta muestra, problema que vemos de nuevo materializado en la performance recogida en el vídeo Piper Prometeo, donde una avioneta de uso civil o recreativo hace volar una pancarta con la fórmula física de la elevación, descubrimiento que explica Lucas, fue donde “empezó todo”. ¿Era el propósito de la aviación que ésta sirviera como arma de destrucción masiva (no digo como herramienta de guerra)? No. Volar, sin duda, es un concepto eternamente vinculado a la libertad y a la conexión y no a la destrucción.

La artista borda mecánicamente telas (Tufting) donde especialmente los mapas de Europa Occidental y Oriental quedan marcados por puntos negros y nombres de ciudades que evidencian los bombardeos perpetrados sobre población civil, que al superponerse se perciben como manchas caóticas donde toda la información historiográfica y de violencia se pierde como tal, y el mensaje adquiere un carácter visual y plástico cuya crudeza pretende interpelar al espectador y dar voz al histórico llanto real que es repetidamente obviado, silenciado u olvidado.

El trabajo se completa con una instalación preparada para la interacción y colaboración de los espectadores que quieran ayudar a la elaboración de El rayo que no cesa, y una instalación en la planta superior de 360 relojes que representan los grados imaginarios que dividen los husos horarios del planeta.

Una exposición de fácil calado en un público polivalente, puramente conceptual y con esos rasgos pseudocientíficos que caracterizan en gran medida el rumbo del arte actual, que colocan a Cristina Lucas en foco de atención gracias al espacio escogido y al mencionable trabajo del comisario Gerardo Mosquera, que parece haberse enfrentado a una compleja organización de la obra. En definitiva, Manchas en el silencio, resulta una necesaria llamada a la historia no como algo que recodar, sino como algo que vivir.